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Las trementinaires

Durante los siglos XIX y XX, las mujeres del valle de la Vansa y Tuixent salían en parejas en viajes que duraban semanas, dejando a sus familias. Iban cargadas de hierbas medicinales cuyas propiedades conocían gracias a una sabiduría adquirida generación tras generación y por su relación con la naturaleza inhóspita que les rodeaba. Preparaban ungüentos como el aceite de enebro o el de abeto, y por supuesto, la trementina, que ha dado nombre a esta actividad fruto de la necesidad pero también de la imaginación.

Las trementinaires

Se dedicaban a la venta ambulante de hierbas y remedios naturales (té de roca, corona de rey, serpilo, escabiosa, oreja de oso, mil hojas, pez, aceite de abeto, aceite de enebro y sobre todo la trementina, producto original que les daba nombre) que recogían y elaboraban ellas mismas.

Salían a vender una o dos veces al año, iban por parejas, hacían la mayor parte del viaje a pie cargando con sus productos y se ausentaban de sus casas unos días o hasta varios meses. Preferían visitar zonas rurales, pues mantenían una relación personal y directa con la gente a la que vendían, se alojaban en sus casas, por ello solían tener rutas fijas que repetían cada año. Viajaron por casi toda Cataluña, hacia los llanos del interior, Puigcerdà, el litoral, etc.

En este viaje a la búsqueda de las últimas trementinaires, – el último viaje lo hicieron en 1982 – se rescata una imagen fugaz grabada en la memoria de la protagonista, que quiere saber quiénes fueron esas mujeres que salvaron la vida de su abuela.

Ver video: El escarabajo verde – Memoria de Trementina
Museo de las Trementinaires

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